viernes, 6 de mayo de 2016

HOMENAJE A SIGMUND FREUD A 160 AÑOS DE SU NACIMIENTO.

Sigmund Freud (Freiberg, 6 de mayo de 1856)
                                   “Cuántas veces he pensado en mi poeta durante estos tiempos vacíos.”
                                                                                                          Sigmund Freud, 19-9-39
            Sigmund Freud (Freiberg, 1856 - Londres, 1939) Neurólogo austríaco, fundador del psicoanálisis. El hombre que habría de revolucionar la psicología clínica y la psiquiatría se inclinó relativamente tarde hacia el estudio de la medicina. Se matriculó en la Universidad de Viena (su familia se había trasladado a la capital austríaca en 1859) tras la lectura de las obras de Darwin y de un ensayo de Goethe.
            Graduado en 1881, se interesó al principio por la fisiología del sistema nervioso y la anatomía cerebral. Obtenida en 1885 la habilitación para la enseñanza libre de la neuropatología, se dedicó, no obstante, muy pronto a la psiquiatría, y marchó aquel mismo año a París para seguir los cursos de Jean-Martin Charcot en la Salpêtrière, estudiar sus teorías y familiarizarse con las técnicas hipnóticas empleadas por el maestro en el tratamiento de la histeria y de otros trastornos nerviosos.


Sigmund Freud

            Vuelto a Viena (1886), contrajo matrimonio con Martha Bernays, y luego regresó, aun cuando por breve tiempo, a Francia, a fin de aprender en Nancy los métodos hipnosugestivos de cura del neurólogo Hippolyte Bernheim. De nuevo en su patria, y no demasiado satisfecho (el hipnotismo terapéutico no resultaba fiel y la etiología del histerismo no quedaba explicada, ni curada), se interesó por el sistema seguido antes por un colega mayor que él, Josef Breuer, en la curación de una joven histérica mediante el empleo del hipnotismo, no ya para anular los síntomas, sino para superar las inhibiciones de la paciente y hacer aflorar detalles de su vida pasada (método "catártico") que, pese a poseer una relación causal con tales síntomas, habían sido fuertemente reprimidos y olvidados. Sigmund Freud trabajó en el mismo sentido y publicó en 1895, con Breuer, Estudios sobre la histeria (Studien über Hysterie). El sistema contenía en germen la terapéutica psicoanalítica y había aclarado algunos puntos clave: la existencia de conflictos ideoafectivos inconscientes como premisas y causas de una condición neurótica; el traslado, en el síntoma, de energías psíquicas no liberadas; y, finalmente, la posibilidad técnica de un retorno de la afectividad atascada a sus vías normales de flujo.   Se presentaban, no obstante, dos problemas: primeramente, la necesidad de una técnica menos insegura que el hipnotismo para la debilitación de las inhibiciones y la evocación de los recuerdos; en segundo lugar, la clarificación de la naturaleza de las emociones y energías psicodinámicas en juego. A la primera cuestión respondió Freud con la sustitución de la hipnosis por la técnica del relajamiento y de las "asociaciones libres", en la que el paciente es invitado a hablar con absoluta libertad de cuanto llega a su mente y a vincular una idea con otra sin un orden establecido previamente; solucionó la segunda admitiendo en buena parte la naturaleza sexual de las emociones relacionadas con las situaciones olvidadas.

Freud en su estudio
            Llegados a este punto (1896-97), Breuer y Freud acabaron por separarse. Había nacido el Psicoanálisis freudiano, entendido como técnica de exploración del inconsciente, y también como psicoterapia y como teoría psicológica general. Freud descubrió sucesivamente que los contenidos alejados de la consciencia ("removidos") podían expresarse no sólo en los síntomas neuróticos, sino asimismo en otros aspectos no meramente patológicos, y sobre todo en los sueños (a cuya interpretación dedicó una obra fundamental, La interpretación de los sueños, 1900) y en muchos actos insignificantes de la existencia corriente (Psicopatología de la vida cotidiana, 1904).
            La sexualidad del adulto le pareció condicionada, singularmente en el neurótico, por hechos y experiencias de la infancia; de la evolución del impulso sexual a partir de la primera infancia trató en la obra Tres contribuciones a la teoría sexual (1905). Más adelante, Freud estableció la psicodinámica de los conflictos del inconsciente en la interacción de tres componentes psíquicos de la personalidad: el Ello, el Yo y el Superyó, cuya naturaleza y función describió en varios textos de su madurez: Más allá del principio del placer (1920), Psicología de las masas y análisis del Yo (1921) y El Yo y el Ello (1923).
            Al principio creyó que a los instintos sexuales se oponían impulsos de conservación o autoafirmación, que denominó instintos del Yo; posteriormente describió los conflictos instintivos fundamentales en términos de amor y destrucción (pulsiones de vida o Eros y pulsiones de muerte o Thánatos). Ciertas relaciones entre las manifestaciones neuróticas y las costumbres de los pueblos salvajes le indujeron a estudiar algunos problemas importantes de la psiquis primitiva; apareció así en 1913 la obra Tótem y Tabú, que aclara varios de los más arcaicos mecanismos del inconsciente.
            Mientras tanto, diversos estudiosos de distintos países habían comprendido el extraordinario valor de los descubrimientos de Freud y, agrupados en reuniones, fundaron con él la Asociación Psicoanalítica Internacional (1910) y las primeras publicaciones dedicadas exclusivamente al Psicoanálisis. La notoriedad de Freud atravesó el Océano; en 1909, la Clark University (Worcester, Massachusetts) consiguió que dictara una serie de conferencias.
            Las lecciones que impartió Freud en la Universidad de Viena durante los años de la Primera Guerra Mundial fueron reunidas por él mismo en Lecciones de introducción al Psicoanálisis (Vorlesungen zur Einführung in die Psychoanalyse, 1917), completadas por una nueva serie aparecida en 1932. A 1926 pertenece un profundo estudio sobre la angustia, Inhibición, síntoma y angustia (Hemmung, Sympton und Angst). En 1920, con sesenta y cuatro años de edad, y después de haber pasado dieciocho años como encargado de curso, Freud fue nombrado finalmente profesor ordinario de la Universidad de Viena. En 1930 se le concedió el premio Goethe de la ciudad de Francfort.
Ocupada Austria por los alemanes (1938), Freud, que era israelita, se vio obligado a expatriarse y marchó con algunos familiares y discípulos a Londres, donde murió al año siguiente. En la última etapa de su vida consagró una atención cada vez mayor a los problemas sociales, religiosos y políticos; aparecieron así El malestar en la cultura (1930) y Moisés y el monoteísmo (1939). Verdadero gigante del intelecto y hombre de suprema integridad moral y científica, Freud pertenece al exiguo número de aquellos sabios que han transformado toda una cultura y cambiado el curso de la historia del pensamiento.



Material subido por Norberto Demarco.

sábado, 30 de abril de 2016

CESAR VALLEJO

LOS HERALDOS NEGROS
Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma. ¡Yo no sé!
Son pocos; pero son. Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Estos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre. Pobre. ¡Pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes. ¡Yo no sé!
Más que un poema de desolación, es un poema sobre la incertidumbre que padece el ser humano cuando le busca un sentido a su existencia. El título es una evocación de los mensajeros de la muerte, los cuales, obviamente, solo pueden anunciar el dolor. El motivo principal del poema gira en torno al dolor humano incompresible e inexpresable, ese dolor que se levanta desde lo más recóndito del ser humano y se hace visible desde el primer verso del poema a través de la imagen de los «golpes»: «Hay golpes en la vida tan fuertes. ¡Yo no sé!.»
De seguido, este dolor tan significativo se equipara, a través de una serie de imágenes sugestivas, con la furia divina, con bárbaros devastadores, con los heraldos negros. Sin lugar a dudas, el sentimiento predominante en el poema es el dolor, que se asemeja a una caída, por eso la imagen de un pozo donde se acumulan el sufrimiento y la culpa. Pero ¿de dónde sale ese dolor? De Dios o del destino, no importa la respuesta, pues el ser humano no puede comprender su origen. De ahí que en la cuarta estrofa se presente la imagen de los «ojos locos» que se vuelven para mirar lo irremediable e incomprensible. El alma es el pozo donde queda el dolor y la mirada es el lugar donde ese dolor se ha vuelto culpa.
Vallejo, en este poema, busca la razón de ser del dolor que, a cada instante, ahoga la existencia del ser humano. Y llega a la conclusión de que no hay una respuesta al dilema existencial. El poema revela este círculo vicioso desde su estructura misma. En concreto, podrían resumirse las ideas fundamentales de este poema por medio de tres puntos:
  • La existencia del ser humano conlleva el hecho de tener que sufrir acontecimientos dolorosos que, aunque son pocos, dejan una huella indeleble en todas las personas, incluso en aquellas cuyo ánimo es más fuerte para soportar las adversidades.
  • Estas adversidades que debemos soportar los seres humanos se relacionan con el odio de Dios, la destrucción sin medida, el augurio de la muerte y la decepción de las creencias religiosas y la consecuente pérdida de la fe.
  • Ante esto, el ser humano no encuentra ningún consuelo, pues lo vivido no sirve ni de excusa ni de paliativo para lograr afrontar la adversidad.
En conclusión, «Los heraldos negros» es un poema en que el dilema humano se presenta en toda su magnitud y en que el sentido de la existencia del ser humano es cuestionado brutalmente por el asomo de la duda, la desesperanza y el sinsentido.
Llorar a lágrima viva...[Poema: Texto completo.]Oliverio Girondo
Llorar a lágrima viva.
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma, la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando.
Festejar los cumpleaños familiares, llorando.
Atravesar el África, llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo...
si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz, con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría.
Llorar de frac, de flato, de flacura.
Llorar improvisando, de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

EFEMÉRIDES DE ABRIL




"...¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?..."

"The three ages of woman" (detalle)
Gustav Klimt



Reseña biográfica

Poeta argentina nacida en Buenos Aires en 1936.
Obtuvo su título en Filosofía y Letras por la Universidad de Buenos Aires y posteriormente viajó a Paris
hasta 1964 donde estudió Literatura Francesa en La Sorbona y trabajó en el campo literario colaborando
en varios diarios y revistas con sus poemas y traducciones de Artaud y Cesairé, entre otros.
Es una de las voces más representativas de la generación del sesenta y es considerada como una de las poetas
líricas y surrealistas más importantes de Argentina.
Su obra poética está representada en las siguientes obras: «La tierra más ajena» en 1955, «La última inocencia»
en 1956, «Las aventuras perdidas» en 1958, «Árbol de diana» en 1962, «Los trabajos y las noches» en 1965,
«Extracción de la piedra de locura» en 1968, «El infierno musical» en 1971 y «Textos de sombra y últimos poemas»,
publicación póstuma en el año 1982.
En 1972 falleció como consecuencia de una profunda depresión. ©


Caminos del espejo

I
Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.

II
Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde
filoso de la noche.

III
Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.

IV
Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.

V
Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona
el viento en el umbral.

VI
Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.

VII
La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.

VIII
Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.

IX
Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.

X
Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé.
Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.

XI
Al negro sol del silencio las palabras se doraban.

XII
Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola.
Hay alguien aquí que tiembla.

XIII
Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto.
Por eso hablo.

XIV
La noche tiene la forma de un grito de lobo.

XV
Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy.
Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento.

XVI
Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba
no vi otra cosa que a mí misma.

XVII
Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.

XVIII
Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.

XIX
Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra
la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo,
he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.



Cuarto solo

Si te atreves a sorprender
la verdad de esta vieja pared;
y sus fisuras, desgarraduras,
formando rostros, esfinges,
manos, clepsidras,
seguramente vendrá
una presencia para tu sed,
probablemente partirá
esta ausencia que te bebe.



Exilio

                                                    A Raúl Gustavo Aguirre

Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.

¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?

Siniestro delirio amar a una sombra.
La sombra no muere.
Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ángeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.


Mucho más allá

¿ Y si nos vamos anticipando
de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza?

¿Y qué?
¿Y qué me das a mí,
a mí que he perdido mi nombre,
el nombre que me era dulce sustancia
en épocas remotas, cuando yo no era yo
sino una niña engañada por su sangre?

¿A qué , a qué
este deshacerme, este desangrarme,
este desplumarme, este desequilibrarme
si mi realidad retrocede
como empujada por una ametralladora
y de pronto se lanza a correr,
aunque igual la alcanzan,
hasta que cae a mis pies como un ave muerta?
Quisiera hablar de la vida .
Pues esto es la vida,
este aullido, este clavarse las uñas
en el pecho, este arrancarse
la cabellera a puñados , este escupirse
a los propios ojos, sólo por decir,
sólo por ver si se puede decir:
"¿es que yo soy? ¿ verdad que sí ?
¿no es verdad que yo existo
y no soy la pesadilla de una bestia?".

Y con las manos embarradas
golpeamos a las puertas del amor.
Y con la conciencia cubierta
de sucios y hermosos velos,
pedimos por Dios.
Y con las sienes restallantes
de imbécil soberbia
tomamos de la cintura a la vida
y pateamos de soslayo a la muerte.

Pues esto es lo que hacemos.
Nos anticipamos de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza.
 

Poema 3

Sólo la sed
el silencio
ningún encuentro

cuídate de mí amor mío
cuídate de la silenciosa en el desierto
de la viajera con el vaso vacío
y de la sombra de su sombra

martes, 29 de marzo de 2016

EFEMÉRIDES DE MARZO

RAÚL GONZÁLEZ TUÑÓN 



Nace en Buenos Aires el 29 de marzo de 1905 fue poeta, periodista y viajero argentino.

Raúl González Tuñón

VIDA

Participó de la vanguardia literaria argentina de los años 1920 y viajó luego a Europa. Vivió en París y en Madrid, ciudades en las que hizo amistad con poetas como Robert Desnós, César Vallejo, Rafael Alberti, Miguel Hernández, Federico García Lorca y Pablo Neruda. 
González Tuñón fue también periodista. Trabajó en el diario "Crítica", un vespertino de los años '20 y '30, de marcado tinte sensacionalista, pero que reclutó a notables escritores de la época (entre ellos Borges, Roberto Arlt, Enrique González Tuñón, Carlos de la Púa), y en el diario "Clarín", donde escribió crítica de artes plásticas y crónicas de viajes.Influyó decisivamente en la cultura argentina de los años '50 y '60 y es considerado uno de los fundadores de una corriente moderna de poesía urbana. Póstumamente se han publicado "El banco en la plaza" y "Los melancólicos canales del tiempo". Muere el 14 de agosto de 1874.

OBRA

Su obra se inicia con "Las puertas de fuego", que publicó en Buenos Aires en 1923, a los 21 años. En esa época, colaboró con la revista Martín Fierro, en la que también escribieron Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Francisco Luis Bernárdez,[1] Leopoldo Marechal, Macedonio Fernández y Eduardo González Lanuza, entre otros.
La revista solía polemizar burlonamente con el llamado Grupo de Boedo, que agrupaba a los escritores identificados con la literatura social, quienes a su vez denominaban a sus colegas de "Martín Fierro" como el "Grupo de Florida". Siendo Boedo un barrio entonces proletario y Florida la calle elegante de esa época, los polos de la polémica eran más políticos que literarios, aunque en Tuñón sucedía justamente lo contrario: muchos de los escritores de Boedo eran sus camaradas tal el caso de Álvaro Yunque o Elías Castelnuovo. González Tuñón mantuvo entonces relaciones cordiales pero también coincidencias con el Grupo de Boedo y muchos de sus integrantes, especialmente el poeta Nicolás Olivari, se encontraban entre sus amigos.En 1928, y poco antes de embarcarse rumbo a Europa, González Tuñón publicó "Miércoles de ceniza". Ya en París, escribió uno de los libros considerados fundamentales en su obra: "La calle del agujero en la media", publicado en 1930. Poco más tarde, en 1936, publica otro de sus libros claves, "La rosa blindada", inspirado en un levantamiento minero en la provincia española de Asturias. Esta obra fue de gran importancia ya que Raúl González Tuñón, con esos versos, fue "el primero en blindar la rosa" (tal las palabras de Neruda). Su obra por tanto no sólo se enmarca dentro de las llamadas vanguardias de principios del Siglo XX, sino que además constituyó una de las más firmes influencias de los posteriormente llamados "poetas de la Guerra Civil española"(muy en particular de Miguel Hernández uno de los más representativos).Afiliado al Partido Comunista de la Argentina, Tuñón permaneció siempre fiel a sus credos estéticos. Esto lo llevó a polemizar muchas veces dentro de la organización con otros artistas o eventuales funcionarios. Muchas de estas polémicas quedaron registradas en los emblemáticos "Cuadernos de Cultura" publicados por el PCA. Se destaca allí su defensa de Roberto Arlt ante los juicios negativos de dirigentes como Rodolfo Ghioldi. En líneas generales no compartió muchas vulgarizaciones efectuadas en nombre del "Realismo socialista". Esto explica su relación "a medio camino" entre las dos "capillas" fundadoras de la moderna literatura argentina: Florida (generalmente homologada a la vanguardia) y Boedo (al realismo socialista).Sus poemas que aludían a viajes, barrios de París y de Buenos Aires, pueblos de la Cordillera de los Andes o de la Patagonia, personajes de circo, lugares lejanos, tugurios extraños, marineros, hampones o contrabandistas, denotan influencias tan disímiles como Villón, Rilke, Evaristo Carriego, o payadores como Bettinotti y Gabino Ezeiza. Juancito Caminador, un personaje inspirado en un artista de circo y en una marca de whisky (Johnny Walker) se convirtió en un álter ego literario del autor.Es al mismo tiempo uno de los precursores de la poesía social y combativa en la Argentina: sus "poemas civiles", referidos a acontecimientos políticos y sociales, influyeron junto con los de la bohemia a autores como Julio Huasi, Juan Gelman (los poetas del "Pan duro"), Roberto Santoro, Francisco Urondo y en líneas generales a toda la generación de los años 60.Fue un intelectual políticamente comprometido y en más de una oportunidad asistió a eventos internacionales que convocaban a intelectuales y artistas de los cinco continentes ya sea por la lucha contra el fascismo o en pos del socialismo, cuya causa abrazó.

Su obra publicada es la siguiente:

-Las puertas de fuego (1923).

-El violín del diablo (1926).

-Miércoles de ceniza (1928)




LA CALLE DEL AGUJERO EN LA MEDIA


Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad
y la mujer que amo con una boina azul.
Yo conozco la música de un barracón de feria
barquitos en botellas y humo en el horizonte.
Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad.
Ni la noche tumbada sobre el ruido del bar
ni los labios sesgados sobre un viejo cantar
ni el afiche apagado del grotesco armazón
telaraña del mundo para mi corazón.
¡Ni las luces que siempre se van con otros hombres
de rodillas desnudas y de brazos tendidos!
-Tenía unos pocos sueños iguales a los sueños
que acarician de noche a los niños dormidos-.
Tenía el resplandor de una felicidad
y veía mi rostro fijado en las vidrieras
y en un lugar del mundo era un hombre feliz.
¿Conoce usted paisajes pintados en los vidrios?
¿Y muñecos de trapo con alegres bonetes?
¿Y soldaditos juntos marchando en la mañana
y carros de verduras con colores alegres?
Yo conozco una calle de una ciudad cualquiera
y mi alma tan lejana y tan cerca de mí
y riendo de la muerte y de la suerte y
feliz como una rama de viento en primavera.
El ciego está cantando. Te digo: ¡Amo la guerra!
Esto es simple querida, como el globo de luz
del hotel en que vives. Yo subo la escalera
y la música viene a mi lado, la música.
Los dos somos gitanos de una troupe vagabunda
alegres en lo alto de una calle cualquiera.
Alegres las campanas como una nueva voz.
Tú crees todavía en la revolución
y por el agujero que coses en tu media
sale el sol y se llena todo el cuarto de luz.
Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad,
una calle que nadie conoce ni transita.
Solo yo voy por ella con mi dolor desnudo
solo con el recuerdo de una mujer querida.
Está en un puerto. ¿Un puerto? Yo he conocido un puerto.
Decir, yo he conocido, es decir: Algo ha muerto.


    EL POETA MURIÓ AL AMANECER  
Sin un céntimo, solo, tal como vino al mundo,
murió al fin en la plaza, frente a la inquieta feria.
Velaron el cadáver del dulce vagabundo
dos Musas: la esperanza y la miseria.

Fue un poeta completo de su vida y su obra.
Escribió versos casi celestes, casi mágicos,
de invención verdadera,
y como hombre de su tiempo que era,
también ardientes cantos y poemas civiles
de esquina y banderas.

Algunos, los más viejos, lo negaron de entrada.
Algunos, los más jóvenes, lo negaron después.
Hoy irán a su entierro cuatro buenos amigos,
los parroquianos del café,
los artistas del circo ambulante,
unos cuantos obreros,
un antiguo editor,
una hermosa mujer,
y mañana, mañana,
florecerá la tierra que caiga sobre él.

Deja muy pocas cosas, libros, un Heine, un Whitman,
un Quevedo, un Darío, un Rimbaud, un Baudelaire,
un Schiller, un Bertrand, un Bécquer, un Machado,
versos de un ser querido que se fue antes que él,
muchas cuentas impagas, un mapa, una veleta,
y una antigua fragata dentro de una botella.

Los que le vieron dicen que murió como un niño.
Para él fue la muerte como el último asombro.
Tenía una estrella muerta sobre el pecho vencido
y un pájaro en el hombro.  
      LA LUNA CON GATILLO 
Es preciso que nos entendamos.
Yo hablo de algo seguro y de algo posible.
Seguro es que todos coman
y vivan dignamente
y es posible saber algún día
muchas cosas que hoy ignoramos.
Entonces, es necesario que esto cambie.
El carpintero ha hecho esta mesa
verdaderamente perfecta
donde se inclina la niña dorada
y el celeste padre rezonga.
Un ebanista, un albañil,
un herrero, un zapatero,
también saben lo suyo.
El minero baja a la mina,
al fondo de la estrella muerta.
El campesino siembra y siega
la estrella ya resucitada.
Todo sería maravilloso
si cada cual viviera dignamente.

BAUDELAIRE

Fue un profeta y vislumbraba el siglo
en que la acción fuera hermana del sueño
y reinventó la poesía, una manera
de recordar que el poeta es un hombre
al que a veces agobian la incomprensión, el barro,
el alquiler, la luna.
Pero él fue poeta, inmenso como un río.
Un río puro impuro
que arrastró légamo y estrellas.


RIMBAUD

¿Pero por qué murió allá en Marsella
tan cerca de la luz atrevida del muelle,
la Canabière, la sopa de pescado,
las rosadas mujeres de la feria
y el viejo olor que viene de los barcos
sin confesar dónde enterró la poesía
-como a un pájaro loco-, en qué baldío,
en qué lámpara pura, en qué ventana,
en qué lluvia crecida con violetas?

Donde el futuro está esperando


EPITAFIO PARA LA TUMBA DEL POETA DESCONOCIDO

Fue un poeta de su vida y de la vida.
Porque además del diálogo del hombre con su tiempo
la poesía es un estado de ánimo,
fue siempre el suyo un vago amar
y sentir y esperar no se sabe qué cosas:
y no pudo escribir ni un solo verso.
La muerte, la inquirida "Tía de las muchachas",
Se lo llevó una tarde de azul desprevenido.
Murió de inanición, como Meg Merrillies,
la que en vez de cenar contemplaba
fijamente la luna sobre el bosque.

Tanta es su soledad que el olvido se toca

EL VISITANTE

                                                      “El poeta es un espía de dios.”


Cuando el invierno vele los fantasmas azules
de la niebla en el barrio
y ya sean memoria la mudanza, el entierro del gorrión,
el domingo,
y los libros se callen en las estanterías
para que vuelva sin temor el grillo
del hogar, fugitivo de un distante verano,
preguntará al olvido
dónde se oculta el espía del tiempo,
en qué relojería, en qué almanaque,
en qué caja de música
abandonada por un niño
y junto a cuál de las sutiles ventanas del crepúsculo
donde sólo hacia adentro puede asomarse uno
la saudade construye sus delicados puentes.

y desde qué clavel del aire
o qué alga marina, o qué arpa de Harpo Marx
apareciendo en un desván, de súbito,
el porvenir –que es poeta- nos mira.

sábado, 12 de marzo de 2016

691_ Algo me hace bien y eso se llama poesía. Voy hacia ti, oh, dueña, señora de este porvenir incalculable.- (Aforismos y Decires) 1958 - 2008 - Miguel O.Menassa
   ANSIABA ROBARTE EL CORAZÓN


Cuando nos quedábamos a solas en la azotea,
me emocionaba buscar esa razón ausente,
las luces trasnochadas de un corazòn hueco.
Elèctrico y siniestro,
aproveche de todas las mentiras escondidas,
y como un gato, roce en tu alma, paredes,
cercos, medianeras, portones abiertos
a todas las maravillas.
Buscando entre las sombras,
encontré las llaves que abrirían esperanzas,
buenos humores, certidumbres de otra existencia.
Como un ladrón, tenia un único apetito,
ansiaba robarte el corazón.

Lucía Serrano - ”Blues para la Corona”


lunes, 29 de febrero de 2016



           NOSOTROS DOS
                            
                                                        (a Magdalena y Leandro)

        
                         “No fue que trabajé como una bestia,  para que vos pudieras
                           vivir como una reina, fue que trabajé como una bestia,
                        porque vos eras una reina y yo quería que vivieras conmigo”

                                                                                   Miguel Oscar Menassa


Aturdidos, sedientos, nos acercamos al ámbar natural
de nuestros besos y fuimos pájaros hambrientos por el vuelo.
¡Quisimos llenar con nuestros sueños todo el universo!.
Fue una tarde tranquila, la de nuestro encuentro,
nos miramos de lejos para conocernos, fuertes, enteros.
Después el tiempo, donde juntos admiramos
aquél instante fugaz, su nombre austero,
magia del verbo, bello rostro de literatura y cielos.
Toda la vida era un corazón latiendo entre cornisas,
sin temor al entusiasmo señalado, ni camino imposible
de habitar, para nosotros dos, amantes del espejo.
Vivíamos en la selva y de la ciudad, visitábamos su centro.
Nos recostábamos mansos, en todas las orillas prometidas,
para ver correr el aire alrededor, violento torbellino,
de nuestro visitante inquieto, faro de cristal,
virgen del mar, timonel sin nombre, oro sumergido.
Indefinido siglo de los amantes despiertos
como nosotros dos, amor mío.
Te llevaré en mi piel por las mañanas, y al volver,
veras que he transitado contigo los caminos,
que no ahuyentaron mis pisadas de valiente soldado,
cumpliendo sueños, que siempre nosotros dos hemos tenido.

Y nos queda el tiempo por venir, los días y las noches
de tantos desafíos, las costumbres, los éxitos conmovidos,
transparencias de un tiempo atrevido, espesura
recorriendo mansa como un río, la propiedad de los monosílabos.

Amor mío, te querré bajo la lluvia de todos los veranos,
y serás mía quizás algún invierno,
donde el sol oculte las estaciones que intentan venir detrás nuestro,
sin que le hayamos pedido una constancia de su cesar al vértigo.

Te querré por las tardes donde la noche aguarda tus pasos de viajero,
y serás en mi vida tierra fértil y crecerán en ella nuestros hijos.
Fue preciso aquel día ennegrecer el cielo para volver a verlo
siempre azul en nuestros aposentos.

Te quise y te quiero como un ave que despierta por el sonido
inmenso del silencio. Nocturno manantial desnudo, ardiendo.
Fue a tu lado, que tuvimos un cuerpo dispuesto a recorrer
gozoso el camino de las grandes arboledas y  ocultarnos
después de haber visto brillar al último cohete en nuestro cielo.

Nosotros dos amor mío, no necesitamos juramentos.
Anduvimos descalzos recorriendo las piedras del camino y
nuestros pies amados por los hechos, nos nombraron sabios,
para seguir viviendo sin apurar los esperados acontecimientos.

Costumbres que tienen los hombres y mujeres que viven en el reino.

Te besaré mil veces cerca de tu boca, después de escucharte decir
mi nombre entretenido, jugando a ver que notas capturan
el mensaje verbal y cierto, que siempre merecimos.

Ala de altamar, farol nocturno que oculta la furia de los fríos,
caminata lenta donde andaré contigo encendiendo querido,
la risa de nuestros mejores besos.

Pero hoy, huésped de la neblina, vuelvo a estar parado frente a ti,
y derramo a tus pies esta locura de luciérnaga latiendo empedernida.
Porque se que viviremos juntos el resto de los días, esta vida nuestra,
donde mensajeros fugaces nos cantaran al alba una canción de amor,
que irá siempre a nuestro lado, con nuestros pasos, derrochando la magia
de habernos conocido y tener nuestros planes invisibles, secretos.

Nada será mejor que eso.
                                        Lira conmovida por lo cierto.
                                                                                        Azucena lunar.   
Concierto en do menor, latido carmesí vibrando dentro.

Cuando te conocí cerraron las heridas y nuestra corona no necesitó espinas. Construimos del alma un cántaro fresco, para saciar la sed de todos los caminos, que íbamos a recorrer juntos, algún día, tu y yo, amor mío.



viernes, 5 de febrero de 2016

MURMURACIONES DEL POETA –
                                          MIGUEL O. MENASSA

No sólo se vive de escribir poesía.
Una que otra mirada al destino siempre hace bien.
Darse cuenta que la cultura resucita sus muertos
contra lo que nace y, también, por las dudas.
Nací antes de tiempo,
lo que deseo me lo darán dentro de unos siglos.
Soy un poeta sin padre y sin madre.
Y no quiero ingresar en ninguna cultura,
porque fuera de mí, la cultura,
repite viejos vicios, canciones olvidadas, antiguas.
No sólo no les pasó el psicoanálisis,
tampoco les pasó la bomba atómica:
Hongo mutilador,
me deformo al compás de tus radiaciones
y, en esa mutación,
se transforma conmigo la Poesía.
Deformidad para Ella, también, la sublime.
Abro su pecho y en medio de su blancura estúpida,
hago estallar una canción de sangre
y de petróleo humedecido por el llanto de mil generaciones
y no habrá forma que soporte semejante grito.
¡Tengan cuidado las Academias!
¡Ha llegado el Poeta!
Y esta vez, el poeta, no es un niño desolado
que, solitario e indefenso, busca almas gemelas
y escribe poesías porque si no...
Esta vez el poeta tiene, claramente, odio en su mirada,
en su mirada tiene ejércitos, hombres, mujeres,
millones de palabras en cualquier dirección,
fuera de toda enciclopedia.
De noche,
tumultuosas estrellas como ideas se fragmentan por ser,
los sentimientos quedan arrinconados, maltrechos,
todo es grandeza.
Puma, Poeta de la Noche,
descifro mi propio epitafio:
murió porque murió,
era una alondra,
vestigios de una raza,
fue la piedra y el viento.
Sonora voz,
arpegios de lo humano entre los soles.
Soy no soy,
la triste flor que se derrama frente al fuego.
Fruto maduro, y sin embargo,
simiente poderosa.
Muero y me reproduzco y a la vez
danzo compases cósmicos,
-ruidos, como de bronces haciéndose pedazos-
perfiles del tiempo donde mi saber,
alcanza la dimensión de la carne:
ubre maligna, contagiada de las peores libertades
carne en la poesía
y en esa ráfaga sin dimensiones,
-primer vagido del hombre
contra su propia razón de matar,
contra su propia razón de vivir,
grito gutural y deforme,
contra la propia garganta de la muerte-
el Hombre a sus anchas no se deja medir.
Sin Dios,
combinando todas las palabras,
sin encontrarlo.
Librado a su propia suerte,
a caballo de la poesía sobre los sentidos,
buscando nuevos horizontes.
Y en el encuentro con lo nuevo,
la plenitud es el orden de todas las cosas,
porque lo nuevo, cuando tiene la presencia de ser,
calma la sed
y el hambre
y los deseos
y no se detiene
cuando se ensombrecen los rostros más bellos,
porque la belleza es su movimiento
y en ese devenir enloquecido, antes de envejecer,
deja su luz entre las sombras.
Esos días se descansa, se come pan,
se beben naranjas heladas y se sueña.
La Poesía esos días lo puede todo.
Emborracharnos de naranjas heladas
hasta que nuestro cuerpo,
tenga el color de los frutos maduros
y las piedras hablen
y las gaviotas se hundan silenciosamente en el mar.
Y cuando lo nuevo es inasible, Poesía,
por haber tejido su ser entre tus mallas
y cuando las ambiciones de lo nuevo son infinitas 
por haber surgido invisible de tu ser invisible,
deja, también, cuando desaparece,
-hombre y, a la vez, felino de la noche-
sobre tus vaporosas pieles
-de su paso deforme por la vida-
huella feroz,
indeleble desgarro multiforme en tu belleza única, 
monstruosidad,
crecida al amparo de tus senos nevados,
fuera del alcance de tus límites,
silvestre y desmedido origen de mi canto:
tu piel,
arrancada de su lugar y, todavía,
bella.
De libro “La patria del poeta”