jueves, 20 de febrero de 2014

OLGA OROZCO

VARIACIONES SOBRE El TIEMPO

Tiempo:
te has vestido con la piel carcomida del último profeta;
te has gastado la cara hasta la extrema palidez;
te has puesto una corona hecha de espejos rotos y
[lluviosos jirones,
y salmodias ahora el balbuceo del porvenir con las
[desenterradas melodías de antaño,
mientras vagas en sombras por tu hambriento escorial,
[como los reyes locos.

No me importan ya nada todos tus desvaríos de
[fantasma inconcluso,
miserable anfitrión.
Puedes roer los huesos de las grandes promesas en
[sus desvencijados catafalcos
o paladear el áspero brebaje que rezuman las
[decapitaciones.
Y aún no habrá bastante,
hasta que no devores con tu corte goyesca la molienda
[final.

Nunca se acompasaron nuestros pasos en estos
[entrecruzados laberintos.

Ni siquiera al comienzo,
cuando me conducías de la mano por el bosque
[embrujado
y me obligabas a correr sin aliento detrás de aquella
[torre inalcanzable
o a descubrir siempre la misma almendra con su oscuro
[sabor de miedo y de inocencia.

¡Ah, tu plumaje azul brillando entre las ramas!
No pude embalsamarte ni conseguí extraer tu corazón
[como una manzana de oro.

Demasiado apremiante,
fuiste después el látigo que azuza,
el cochero imperial arrollándome entre Ias patas de sus bestias.

Demasiado apremiante
me condenaste a ser el rehén ignorado,
la víctima sepultada hasta los hombros entre siglos de
[arena.

Hemos luchado a veces cuerpo a cuerpo.
Nos hemos disputado como fieras cada porción de
[amor,
cada pacto firmado con la tinta que fraguas en alguna
[instantánea eternidad.
cada rostro esculpido en la inconstancia de las nubes
[viajeras,
cada casa erigida en la corriente que no vuelve.
Lograste arrebatarme uno por uno esos desmenuzados
[fragmentos de mis templos

No vacíes la bolsa.
No exhibas; tus trofeos.
No relates de nuevo tus hazañas de vergonzoso
[gladiador en las desmesuradas galerías del eco.

Tampoco yo te concedí una tregua.
Violé tus estatutos
Forcé tus cerraduras y subí a los graneros que
[denominan porvenir.

Hice una sola hoguera con todas tus edades.
Te volví del revés igual que a un maleficio que se
[quiebra.
o mezcle tus recintos como en un anagrama cuyas
[Ietras truecan el orden y cambian el sentido.
Te condensé hasta el punto de una burbuja inmóvil,
opaca, prisionera en mis vidriosos cielos.
Estiré tu piel seca en Ieguas de memoria,
hasta que la horadaron los pálidos agujeros del olvido.
Algún golpe de dados le hizo vacilar sobre el vacío
[inmenso entre dos horas.

Hemos llegado lejos en este juego atroz,
[acorralándonos el alma.

Se que no habrá descanso,
y no me tientas, no, con dejarme invadir por la plácida
[sombra, de los vegetales centenarios,
aunque de nada me valga estar en guardia,
aunque al final de todo estés de pie, recibiendo tu paga,
el mezquino soborno que acuñan en tu honor las
[roncas maquinarias de la muerte,
mercenario.

Y no escribas entonces en las fronteras blancas
["nunca más"
con tu mano ignorante,
como si fueras algún dios de Dios,
un guardián anterior, el amo de ti mismo en otro tú que
[colma las tinieblas.
Tal vez seas apenas la sombra más infiel de alguno
[de sus perros. 


 Lucia Serrano