lunes, 22 de junio de 2015

EFEMÉRIDES DE JUNIO - SAN JUAN DE LA CRUZ


SAN JUAN DE LA CRUZ (1542-1591)
San Juan de la Cruz, de nombre verdadero Juan Yepes Álvarez, nació el 24 de junio del año 1542 en Fontiveros, Ávila (España). Era hijo de un modesto tejedor que falleció cuando Juan todavía era muy joven. Tras la muerte de su padre se traslado junto a su madre a la localidad de Medina del Campo (Valladolid), en donde trabajó como aprendiz de varios oficios.
Estudió en el Colegio de la Doctrina para los niños pobres. En el año 1563 ingresó en la Orden Carmelita de Medina del Campo con el nombre de Juan de San Matías y un año más tarde se instruyó en la Universidad de Salamanca, ordenándose sacerdote en 1567.
Conoció a Santa Teresa de Jesús, quien influyó notablemente en su obra y con quien colaboró para reformar la Orden. En ese momento se hace llamar Juan de la Cruz y funda el primer Convento de los Carmelitas Descalzos.
Estuvo en prisión en Toledo a finales del año 1577 tras el conflicto entre Carmelitas descalzos y calzados.
Durante nueve meses estuvo recluido y allí comenzó a establecer su poesía mística que ejemplifica desde una bella y musical disposición lírica el contacto espiritual del poeta y el sentir creyente.
Huyó de prisión en el verano de 1578 para retornar a sus actividades religiosas en Andalucía. En Úbeda, provincia de Jaén, falleció a causa de unas calenturas. Era el 14 de diciembre de 1591 y el poeta tenía 49 años.
Sus libros más importantes, nunca publicados en vida del religioso, son “Noche Oscura Del Alma”, “Llama De Amor Viva”, “Cántico Espiritual”, “Subida Al Monte Carmelo” o “Avisos y Sentencias Espirituales”.
NOCHE OSCURA
CANCIONES DEL ALMA 1. En una noche oscura, con ansias, en amores inflamada, (oh dichosa ventura!, salí sin ser notada estando ya mi casa sosegada. 2. A oscuras y segura, por la secreta escala, disfrazada, (oh dichosa ventura!, a oscuras y en celada, estando ya mi casa sosegada. 3. En la noche dichosa, en secreto, que nadie me veía, ni yo miraba cosa, sin otra luz y guía sino la que en el corazón ardía. 4. Aquésta me guiaba más cierto que la luz de mediodía, adonde me esperaba quien yo bien me sabía, en parte donde nadie parecía. 6 5. (Oh noche que guiaste! (oh noche amable más que el alborada! (oh noche que juntaste Amado con amada, amada en el Amado transformada! 6. En mi pecho florido, que entero para él solo se guardaba, allí quedó dormido, y yo le regalaba, y el ventalle de cedros aire daba. 7. El aire de la almena, cuando yo sus cabellos esparcía, con su mano serena en mi cuello hería y todos mis sentidos suspendía. 8. Quedéme y olvidéme, el rostro recliné sobre el Amado, cesó todo y dejéme, dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado. FIN