domingo, 17 de mayo de 2015

EFEMÈRIDES DE MAYO - RABINDRANATH TAGORE

Poeta hindù, pintor, humanista, patriota y educador, Rabindranath Tagore recibiò el Premio Nòbel de Literatura en 1913.
Naciò en Calcuta el 7 de mayo de 1861, donde falleciò el 7 de agosto de 1941.
Muy jòven empezò a publicar versos admirables, recibiendo el sobrenombre de "Shelley bengalì"
Aspiraba a que el movimiento nacionalista hindù, se tradujera en reformas sociales, antes que en libertades polìticas.
Viajò mucho recorriendo Europa, Asia y Amèrica del Norte y estuvo tambièn en Argentina.
La naturaleza era su hogar y el de sus esposas e hijos y en su seno meditaban sobre los problemas màs hondos del alma, haciendo objeto de su vida la unidad de alma con toda la creaciòn y la comunicaciòn con el Ser Supremo.
Los màs grandes maestros de la India antigua, vivieron en el bosque, en la orilla umbrìa de algùn rìo sagrado o de algùn lago del Himalaya, hacìan su altar de fuego, apacentaban su ganado y cultivaban el arroz silvestre y las frutas para su alimento.
Rompiò con el esclusivismo de su vida literaria y se puso en contacto con las aspiraciones mas profundas de su patria, que estaban escondidas en su corazòn. Se fue a vivir al santuario de Shantiniketan, fundado por su padre y poco a poco se fueron reuniendo a su alrededor muchachos de hogares distantes, bajo la sombra de los àrboles de sal. Tenìa apenas 19 años, pero habìa nacido iluminado, y en èl, el espìritu de renunciaciòn era producto natural de una capacidad extraordinaria para el goce la vida. Tenìa un alma maravillosa y habitaba una regiòn superior, que respondìa vivamente a cuanto hay de bello y de grande en la naturaleza y en el entendimiento humano. Era poeta y de haber vivido, habrìa sin duda alguna, ocupado un puesto entre los inmortales de la poesìa del mundo, pero muriò a los 20 años. No le venìa su inspiraciòn de los libros, sino de la comunicaciòn directa de su mente sensitiva con el mundo. Las estaciones ejercìan sobre èl, el mismo influjo que sobre las plantas, y parecìa sentir en su sangre esos mensajes invisibles de la naturaleza, que viajan contantemente por el espacio y yerran en el aire, y relucen, temblando, en las hojas, y estallan, bajo tierra, por las raìces de la yerba. La literatura que aprendìa no olìa nada a biblioteca, porque èl tenìa el don de ver las ideas ante sì, como veìa a sus amigos, con toda la precisiòn de la forma y toda la sutileza de la vida"

Pájaros perdidos
1
Pájaros perdidos de verano vienen a mi ventana, cantan,
y se van volando.
Y hojas amarillas de otoño, que no saben cantar,
aletean y caen en ella, en un suspiro.

2
Vagabundillos del universo, tropel de seres pequeñitos,
¡dejad la huella de vuestros pies en mis palabras!

3
Para quien lo sabe amar, el mundo se quita su careta de
infinito. Se hace tan pequeño como una canción, como un
beso de lo eterno.

4
Las lágrimas de la tierra le tienen siempre en flor
su sonrisa.

5
El desierto terrible arde todo por el amor de una yerbecita;
y ella le dice que no con la cabeza, y se ríe, y se va
volando...

6
Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán
ver las estrellas.

7
En tu camino, agua bailarina, la arena te pordiosea
tu canción y tu fuga.
¿No quieres tú cargarte con la coja?

8
Tu cara anhelante persigue mis sueños como la lluvia por
la noche.

9
Una vez, soñamos los dos que no nos conocíamos. Y nos
conocíamos. Y nos despertamos a ver si era verdad que nos
amábamos.

10
Como el anochecer entre los árboles silenciosos, mi pena,
callándose, callándose, se va haciendo paz en mi corazón.

11
No sé qué dedos invisibles sacan de mi corazón, como una
brisa ociosa, la música de las ondas.

12
-Mar, ¿qué estás hablando?
-Una pregunta eterna.
-Tú, cielo, ¿qué respondes?
-El eterno silencio.

13
¡Oye, corazón mío, los suspiros del mundo, que está
queriendo amarte!

14
El misterio de la vida es tan grande como la sombra en
la noche. La ilusión de la sabiduría es como la niebla del
amanecer.

15
No te dejes tu amor sobre el precipicio.

16
Me he sentado, esta mañana, en mi balcón, para ver el
mundo. Y él, caminante, se detiene un punto, me saluda y
se va.

17
Menudos pensamientos míos, ¡con qué rumor de hojas
suspiráis vuestra alegría en mi imaginación!

18
Tú no ves lo que eres, sino su sombra.

19
¡Qué necios estos deseos míos, Señor, que están turbando
con sus gritos sus canciones! ¡Haz Tú que solo sepa yo
escuchar!

20
No soy yo quien escoge lo mejor, que ello me escoge a mí.

21
Si me está negado el amor, ¿por qué, entonces, amanece;
¿por qué susurra el viento del sur entre las hojas recién nacidas?
Si me está negado el amor, ¿por qué, entonces,
la medianoche entristece con nostálgico silencio a las estrellas?
22
Sé que esta vida, aunque no madure el amor, no está perdida del todo.
23
¡No sea yo tan cobarde, Señor, que quiera tu misericordia en mi triunfo,
sino tu mano apretada en mi fracaso!