jueves, 16 de julio de 2015

EFEMÉRIDES DE JULIO - JOSÉ GARCÍA NIETO




José García Nieto nació en Oviedo el 6 de julio de 1914. Su infancia, que transcurrió entre Soria y Toledo, estuvo marcada por la pérdida de su padre a los seis años. Empezó la carrera de Ciencias Exactas, pero la abandonó para cursar Periodismo, en Madrid, ciudad en la que se instaló en 1929. Desde sus primeros años en la capital contactó con el círculo literario Café Gijón. Su poética se inscribió dentro de la corriente de los llamados garcilasistas. Su intensa actividad intelectual se concretó en proyectos como la fundación de la revista Garcilaso que dirigió.

Junto a Pedro Lorenzo, lideró el grupo literario «Juventud Creadora». También dirigió las revistas Acanto —del Consejo Superior de Investigaciones Científicas—, Poesía Española y Mundo Hispánico —del Instituto de Cultura Hispánica de Madrid—.

Durante la guerra civil española pasó un periodo en la cárcel y al concluir la contienda quedó en libertad. En esos años publicó su primer poemario Víspera hacia ti (1940). Su obra abarca una treintena de libros, entre los podemos mencionar: Versos de un huésped de Luisa Esteban, Tú y yo sobre la tierra (1944); Retablo del ángel, el hombre y la pastora, Toledo (1945); Del campo y soledad (1946); Sonetos por mi hija, (1953); Corpus Christi y seis sonetos, (1962); Circunstancia de la muerte, La hora undécima (1963); Memorias y compromisos (1966); Facultad de volver, (1970); Taller de arte menor y cincuenta sonetos, (1973); Sonetos y revelaciones de Madrid (1976); Los cristales fingidos (1984), y Galiana (1986).

García Nieto es una de las figuras más señeras de la corriente neoclásica de la posguerra española. Su obra, un ejemplo de lírica clara y armoniosa, se enmarca dentro de un paisaje lleno de esperanza, que canta a la plenitud de una existencia y que se rige de manera convincente por las formas métricas heredadas de la tradición renacentista.

Además de la poesía, García Nieto cultivó otros géneros literarios: cuentos y obras de teatro, adaptaciones de piezas del teatro clásico español... Por la indiscutible calidad de su poesía, tanto por sus méritos intelectuales, ha sido objeto de numerosos galardones, entre otros, el Premio Nacional de Literatura «Garcilaso», en 1951; el Premio «Fastenrath» de la Real Academia Española, en 1955; el Premio Nacional de Literatura, en 1957; y en 1986 y 1987, respectivamente, los premios «Mariano de Cavia» y «González Ruano» de Periodismo. Asimismo, ha obtenido los premios «Hucha de Oro» (1972), «Juan Boscán» (1973), «Francisco de Quevedo» (1976), «Alcarabán» (1977), «Angaro» (1978), y un largo etcétera.

En 1982 se le nombró presidente del Círculo de Bellas Artes y el 28 de enero de ese mismo año fue elegido académico de la Real Academia Española de la Lengua, en la que ingresó el 13 de marzo de 1983 para ocupar el sillón vacante de José María Pemán. En el acto de ingreso, José García Nieto fue presentado por Gerardo Diego y por Camilo José Cela.

También fue individuo de número del Instituto de Estudios Madrileños, académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo y socio de mérito del Ateneo de Madrid.

En 1992 sufrió un ataque cerebral con graves consecuencias para su salud.

Obtuvo el Premio Cervantes de Literatura, máximo galardón de las Letras españolas que, pese a su delicado estado, pudo recibir personalmente, el 10 de diciembre de 1996.

El 27 de febrero de 2001 fallece en Madrid, a la edad de 87 años.




XIII

A tu orilla he venido. Tengo un otoño, un pájaro 
y una voz desusada. Tú me esperas: un río, 
una pasión y un fruto. Y tiene nuestro encuentro 
el vuelo, la corriente, seguros, proclamados.

He venido a tu orilla con los brazos tendidos 
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca, 
el barro donde el agua sujeta sus mensajes 
y la cuna del cauce para mecer tu sueño.

Dime si estoy pendiente de mi diario trabajo, 
si basta a tus oídos mi tristísimo verso 
o si a mi sombra vive mejor mayo tu carne.

De tu orilla me iría si ahora me dijeras 
que te amo solamente como los hombres aman 
o que mi voz te suena como todas las voces.




Barro de la palabra

Hoy he tomado el barro de la palabra en frío;
su piel ya me conoce; poco a poco, temblada
por mi caricia, vibra, responde a la llamada
de la costumbre. Toco. Me adueño de lo mío.

Penetro en la palabra. Las orillas del río
me acogen, me conducen, y se siente creada
la mano creadora... ¿Vive la enamorada
mi amor, o me amenazan su ocaso y su extravío...?

¡Qué torpe es el amante, qué ciega su porfía!
No dice la palabra lo que ayer le decía.
O sí: dice lo mismo, miente lo mismo, inventa

lo mismo...  «¡Calla, calla...!», le increpa. Y luego llora
su soledad. Y vuelve. Y, arrastrándose, implora:
«Quiero morir tocando tu barro, aunque me mienta».




Ir y venir de todas las memorias...

Ir y venir de todas las memorias 
que el alma, olvidadiza, desenreda; 
verse hombre solo, antiguo y solo, errante; 
ver que todos los tiempos están cerca.

De un golpe, como hermosos corazones, 
yacen los capiteles en la hierba 
y encuentran hecha luz como un milagro 
la flor silvestre de la primavera.

Se hace el acanto vegetal y tierno; 
el hombre lo acaricia y algo tiembla 
debajo de su mano; le parece 
que un cuerpo estremecido se despierta.

¿Puede latir la sangre por los pulsos 
ante la soledad de esta belleza 
cuando todo se para en un intento 
de detener la dicha verdadera?

Llueve un poco, tímidamente llueve; 
brilla el mármol, el árbol de la piedra; 
por un instante sólo, esta columna 
alcanza con sus hojas las estrellas,

Que están, que van a estar, que acaso miran, 
que mirarán desde su noche eterna 
el desamparo de los que caminan 
sin amor por la sombra de la tierra.




Publicado por Patricia Dizanzo