martes, 21 de julio de 2015

EFEMÉRIDES DE JULIO - PABLO NERUDA




Pablo Neruda
(1904-1973)
Neftalí Ricardo Reyes Basoalto (quien escribiría posteriormente con 
el seudónimo de Pablo Neruda) nació en Parral el año 1904, hijo de 
don José del Carmen Reyes Morales, obrero ferroviario y doña Rosa 
Basoalto Opazo, maestra de escuela, fallecida poco años después del 
nacimiento del poeta. 

En 1906 la familia se traslada a Temuco donde su padre se casa con 
Trinidad Candia Marverde, a quién el poeta menciona en diversos 
textos como Confieso que he vivido y Memorial de Isla Negra con 
el nombre de Mamadre. Realiza sus estudios en el Liceo de Hombres 
de esta ciudad, donde también publica sus primeros poemas en el 
periódico regional La Mañana. En 1919 obtiene el tercer premio en 
los Juegos Florales de Maule con su poema Nocturno ideal. 

En 1921 se radica en Santiago y estudia pedagogía en francés en 
la Universidad de Chile, donde obtiene el primer premio de la fiesta 
de la primavera con el poema La canción de fiesta, publicado 
posteriormente en la revista Juventud. En 1923, publica Crepusculario, 
que es reconocido por escritores como Alone, Raúl Silva Castro y Pedro
Prado. Al año siguiente aparece en Editorial Nascimento sus Veinte 
poemas de amor y una canción desesperada, en el que todavía se nota 
una influencia del modernismo. Posteriormente se manifiesta un 
propósito de renovación formal de intención vanguardista en tres 
breves libros publicados en 1926: El habitante y su esperanza ; 
Anillos (en colaboración con Tomás Lagos) y Tentativa del hombre 
infinito. 

En 1927 comienza su larga carrera diplomática cuando es nombrado 
cónsul en Rangún, Birmania. En sus múltiples viajes conoce en Buenos 
Aires a Federico García Lorca y en Barcelona a Rafael Alberti. 
En 1935, Manuel Altolaguirre le entrega la dirección a Neruda de 
la revista Caballo verde para la poesía en la cual es compañero de 
los poetas de la generación del 27. Ese mismo año aparece la edición 
madrileña de Residencia en la tierra. 

En 1936 al estallar la guerra civil española, muere García Lorca, 
Neruda es destituido de su cargo consular, y escribe España en el 
corazón. 

En 1945 obtiene el premio Nacional de Literatura. 

En 1950 publica Canto General, texto en que su poesía adopta una 
intención social, ética y política. En 1952 publica Los versos del 
capitán y en 1954 Las uvas y el viento y Odas elementales. En 1958 
aparece Estravagario con un nuevo cambio en su poesía. En 1965 se 
le otorga el título de doctor honoris causa en la Universidad de 
Oxford , Gran Bretaña. En octubre de 1971 recibe el Premio Nobel 
de Literatura. 

Muere en Santiago el 23 de septiembre de 1973 . Póstumamente se 
publicaron sus memorias en 1974, con el título Confieso que he vivido.






Caballo de los sueños

Innecesario, viéndome en los espejos
con un gusto a semanas, a biógrafos, a papeles,
arranco de mi corazón al capitán del infierno,
establezco cláusulas indefinidamente tristes.

Vago de un punto a otro, absorbo ilusiones,
converso con los sastres en sus nidos:
ellos, a menudo, con voz fatal y fría
cantan y hacen huir los maleficios.

Hay un país extenso en el cielo
con las supersticiosas alfombras del arco iris
y con vegetaciones vesperales:
hacia allí me dirijo, no sin cierta fatiga,
pisando una tierra removida de sepulcros un tanto frescos,
yo sueño entre esas plantas de legumbre confusa.

Paso entre documentos disfrutados, entre orígenes,
vestido como un ser original y abatido:
amo la miel gastada del respeto,
el dulce catecismo entre cuyas hojas
duermen violetas envejecidas, desvanecidas,
y las escobas, conmovedoras de auxilios,
en su apariencia hay, sin duda, pesadumbre y certeza.
Yo destruyo la rosa que silba y la ansiedad raptora:
yo rompo extremos queridos: y aún más,
aguardo el tiempo uniforme, sin medidas:
un sabor que tengo en el alma me deprime.

Qué día ha sobrevenido! Qué espesa luz de leche,
compacta, digital, me favorece!
He oído relinchar su rojo caballo
desnudo, sin herraduras y radiante.
Atravieso con él sobre las iglesias,
galopo los cuarteles desiertos de soldados
y un ejército impuro me persigue.
Sus ojos de eucaliptos roban sombra,
su cuerpo de campana galopa y golpea.

Yo necesito un relámpago de fulgor persistente,
un deudo festival que asuma mis herencias.





Oda al átomo

Pequeñísima
estrella,
parecías
para siempre
enterrada
en el metal: oculto,
tu diabólico
fuego.
Un día
golpearon
en la puerta
minúscula:
era el hombre.
Con una
descarga
te desencadenaron,
viste el mundo,
saliste
por el día,
recorriste
ciudades,
tu gran fulgor llegaba
a iluminar las vidas,
eras
una fruta terrible,
de eléctrica hermosura,
venías
a apresurar las llamas
del estío,
y entonces
llegó
armado
con anteojos de tigre
y armadura,
con camisa cuadrada,
sulfúricos bigotes,
cola de puerco espín,
llegó el guerrero
y te sedujo:
duerme,
te dijo,
enróllate,
átomo, te pareces
a un dios griego,
a una primaveral
modista de París,
acuéstate
en mi uña,
entra en esta cajita,
y entonces
el guerrero
te guardó en su chaleco
como si fueras sólo
píldora
norteamericana,
y viajó por el mundo
dejándote caer
en Hiroshima.

Despertamos.

La aurora
se había consumido.
Todos los pájaros
cayeron calcinados.
Un olor
de ataúd,
gas de las tumbas,
tronó por los espacios.
Subió horrenda
la forma del castigo
sobrehumano,
hongo sangriento, cúpula,
humareda,
espada
del infierno.
Subió quemante el aire
y se esparció la muerte
en ondas paralelas,
alcanzando
a la madre dormida
con su niño,
al pescador del río
y a los peces,
a la panadería
y a los panes,
al ingeniero
y a sus edificios,
todo
fue polvo
que mordía,
aire
asesino.

La ciudad
desmoronó sus últimos alvéolos,
cayó, cayó de pronto,
derribada,
podrida,
los hombres
fueron súbitos leprosos,
tomaban
la mano de sus hijos
y la pequeña mano
se quedaba en sus manos.
Así, de tu refugio
del secreto
manto de piedra
en que el fuego dormía
te sacaron,
chispa enceguecedora,
luz rabiosa,
a destruir vidas,
a perseguir lejanas existencias,
bajo el mar,
en el aire,
en las arenas,
en el último
recodo de los puertos,
a borrar
las semillas,
a asesinar los gérmenes,
a impedir la corola,
te destinaron, átomo,
a dejar arrasadas
las naciones,
a convertir el amor en negra póstula,
a quemar amontonados corazones
y aniquilar la sangre.

Oh chispa loca,
vuelve
a tu mortaja,
entiérrate
en tus manos minerales,
vuelve a ser piedra ciega,
desoye a los bandidos,
colabora
tú, con la vida, con la agricultura,
suplanta los motores,
eleva la energía,
fecunda los planetas.
Ya no tienes
secreto,
camina
entre los hombres
sin máscara
terrible,
apresurando el paso
y extendiendo
los pasos de los frutos,
separando
montañas,
enderezando ríos,
fecundando,
átomo,
desbordada
copa
cósmica,
vuelve
a la paz del racimo,
a la velocidad de la alegría,
vuelve al recinto
de la naturaleza,
ponte a nuestro servicio,
y en vez de las cenizas
mortales
de tu máscara,
en vez de los infiernos desatados
de tu cólera,
en vez de la amenaza
de tu terrible claridad, entréganos
tu sobrecogedora
rebeldía
para los cereales,
tu magnetismo desencadenado
para fundar la paz entre los hombres,
y así no será infierno
tu luz deslumbradora,
sino felicidad,
matutina esperanza,
contribución terrestre.




La ahogada del cielo

Tejida mariposa, vestidura
colgada de los árboles,
ahogada en cielo, derivada
entre rachas y lluvias, sola, sola, compacta,
con ropa y cabellera hecha jirones
y centros corroídos por el aire.
Inmóvil, si resistes
la ronca aguja del invierno,
el río de agua airada que te acosa. Celeste
sombra, ramo de palomas
roto de noche entre las flores muertas:
yo me detengo y sufro
cuando como un sonido lento y lleno de frío
propagas tu arrebol golpeado por el agua.


Publicado por Patricia Dizanzo