domingo, 5 de abril de 2015



                        MÁSCARAS 

                                                               a Jorge Montironi
                                                        

He despertado a la noche y tú no estabas para verme volar entre las fieras, 
que supuestamente habían venido a visitarnos. 
He sobrevivido a cualquier catástrofe y sin embargo, casi estaría autorizán-
dome a decir, que no encontraba soluciones esperadas.
Nadie fue a visitar las cavernas que yo conocía, y ninguno de nosotros se 
hizo neblina. Nadie contaminó al albatros.
Los indígenas continuaban sus rituales incansablemente y no tuve ninguna
compasión para las bestias.
Seguí el rumbo que nos pertenecía.
Sospeché que eran arbitrarios seres sin destino.
Después ni el río supo fluir y para no querer ser más, interruptor de ondas
magnéticas, dije que seguiría.
Fue a los dioses a quienes quise seguir y por la confusión de las dudas 
que tuvieron los hombres sabios, no hubo cercanías. 
Ninguno de nosotros imaginaba altas esperanzas entre viejos sonidos, 
que se evaporaban con rapidez, y nadie estuvo saciado.
Don de dones.
Te escribiré sobre la navegación cuando la noche se haga día.
Te escribiré antes de poder escribirte.
Te escribiré sin tener nada que contarte.
Dejaré diferentes emociones y te diré que el hombre que no conoce los signos
con los que estamos obligados a seguir las piedras multicolores de nuestro 
camino, no es un hombre.
Te escribiré entre marfiles con los que haré un collar, y será bienvenido en el 
arcón de nuestras joyas.
Dile al viento que su danza no ha servido para acompañar las marcas de lo 
usado por los falsos marinos.
Nadie quiso que volvieran mis héroes más amados.
No hubo más carnavales desde aquel día.
No hubo más diferencias desde aquel día.
No hubo más historias de amor desde aquél día.
No hubo animales que se diferenciaran de nosotros desde aquél día.
Imposibles luchas de guerreros apacibles, seres aparentemente amables, 
mas imaginaban inventar con nosotros las mañanas.  
Sin noche, sin mañana, sin amigos que fuesen héroes por suponer haber 
inventado una batalla, todo fue lejanía.
Solo la apuesta iluminaba las altas aventuras incumplidas.
No pude calcular la luz del día, ni siquiera pude evitar el desamparo.
Quise ser más que un espléndido amante de lo vivo.
Quise ser la mujer que nadie había visto, ni escuchado. 
Me perdí entre voces desgarradas. 
Amante de cuanta imposibilidad se armara en mis alrededores, a nadie 
quise decirle que sí.
Todas fueron flores secas, sin la fiebre habitual que moja los ríos
 y acompaña por nada a los pantanos.
No hubo entre nosotros algo que iluminara algún rincón, alguna esquina.
Imposible pactar tremendo desencuentro.
No quise volver y no volví.
Después, todo dolor fue entre comillas.
Fueron salvajes las palabras que no pronunciamos entre todos.
No alcanzaron sus máscaras.
No eran nuestros amigos.
Escollos del camino capitán. 
Brindo contigo.

LUCIA SERRANO